Si estás negociando una hipoteca ¿mejor el tipo fijo o el variable?

Publicado el 28 de Abril de 2017

Los bancos han aumentado la oferta de créditos con intereses estables para garantizar sus márgenes. Son más caras que las unidas al euríbor, pero tienen ventajas

Las hipotecas, por regla general, pueden tener un tipo de interés variable o fijo.

En el variable, en su inmensa mayoría, se vinculan al euríbor. Este indicador fluctúa. Y los clientes pagarán el interés que marque sumado a un diferencial que les imponga el banco. Es decir: quien contrata una hipoteca a euríbor +1, pagará de intereses el 1% más lo que indique el euríbor. Normalmente, (esto se fija por contrato) la entidad revisa cada año los intereses del préstamo, y usará como referencia el nivel al que el euríbor esté en el mes de la revisión. Así, el cliente solo sabe cuánto pagará con exactitud cada mes en el horizonte de un año y a lo largo de la vida de la hipoteca, los intereses van cambiando.

En las hipotecas fijas, el cliente y el banco acuerdan un interés estable para toda la vida del crédito. A cambio de esa seguridad en las cuotas, en general los intereses aplicados son superiores a los que en ese momento indica el euríbor.

Los bancos se mueven en un entorno de préstamos con intereses muy bajos, debido a que el tipo de interés europeo, el euríbor cerró en enero su duodécimo mes en negativo. Es decir, sobre el diferencial establecido por cada banco, el euríbor no suma nada. Así, la necesidad de las entidades financieras de proteger sus márgenes las empuja a apostar por las hipotecas a tipos fijos, que no se ven afectadas por lo que haga el índice europeo.

La oferta encontró la demanda y las cifras en este sentido son meridianas: si el 76,6% de las hipotecas que se constituyeron en junio del año pasado utilizaban un tipo de interés variable, frente al 23,4% de tipo fijo, apenas cinco meses después, en noviembre, esta segunda modalidad ya caracterizaba el 31,8%, según los últimos datos disponibles del INE.

 No solo el tipo de interés hace que una hipoteca sea buena o mala, sino que esta valoración depende de las características del deudor.

Fuente: El País