¿Qué condiciones cambian en las hipotecas para segunda vivienda respecto a las de residencia habitual?

Publicado el 16 de Junio de 2017

Las hipotecas para segunda residencia no se diferencian demasiado a los préstamos hipotecarios para vivienda habitual, pero tienen ciertas condiciones especiales

Las hipotecas para segunda residencia no se diferencian demasiado a los préstamos hipotecarios para vivienda habitual, pero tienen ciertas condiciones especiales. De hecho, las entidades comercializan una misma hipoteca para ambos servicios modificando, únicamente, algunas de sus condiciones. 

Las segundas hipotecas tienen menos plazo. Habitualmente, las hipotecas para primera vivienda suelen poder estirarse de media hasta los 30 años, llegando en algunos casos a los 40 años. Sin embargo, la financiación para compra de viviendas destinadas a segunda residencia limita el plazo en unos años. Concretamente el periodo de tiempo para amortizar una hipoteca para segunda vivienda se mueve en una horquilla de entre 20 y 25 años.

Otro de los apartados que difiere en las hipotecas para segunda vivienda es el importe financiado. Las hipotecas habituales conceden como máximo el 80% del valor de tasación o, en algunos casos, el 80% del valor más bajo entre tasación o compraventa.

Sin embargo, los préstamos hipotecarios para segunda vivienda rebajan el importe financiado ligeramente. En concreto, la financiación para este tipo de préstamos oscila entre el 60% y el 75%.

Las exigencias que las entidades demandan para conceder el crédito son un poco más elevadas en este tipo de préstamos hipotecarios. El motivo está relacionado a que son operaciones de mayor riesgo, puesto que ante una dificultad económica, el consumidor dejará de abonar las cuotas de la hipoteca para segunda residencia antes que las de su vivienda habitual. Además, en caso de embargo, el banco tendrá más dificultades para vender el inmueble puesto que suelen ubicarse en entornos vacacionales o núcleos rurales.

En concreto, las condiciones que más se endurecen son los ahorros exigidos y los ingresos. Puesto que los bancos conceden menor financiación, el consumidor debe contar con una cantidad de ahorros más elevada para acceder a la financiación. Si para una vivienda habitual debe reunir aproximadamente el 30% del valor de la vivienda, para una segunda residencia este porcentaje puede elevarse hasta el 50%.

Por último, puesto que las hipotecas de segunda vivienda tienen menos plazo, las cuotas son más elevadas, por lo que las entidades requieren ingresos más altos que para la contratación de un préstamo hipotecario para una residencia habitual.

Fuente: El Mundo